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Los unionistas defienden el no en el referéndum por las ventajas del mercado británico

Los independentistas anhelan un Estado más social

Partidarios del sí se manifiestan en Glasgow este jueves. AFP

Cada año se reúnen en Dunoon, en el sudeste de la península de Argyll, en las Highland, las tierras altas del oeste de Escocia, cientos de gaiteros, bailarinas, luchadores, lanzadores de martillo o de peso y también lanzadores de la famosa piedra de Cowal, la original, con sus 34 libras de peso (15,5 kilos). Son los Juegos de Cowal, que hasta hace muy poco tenían el honor de ostentar el título de “los juegos más grandes de las Highland”.

A primera vista, la reunión parece una borrachera de identidad escocesa, con hombres vistiendo la típica falsa escocesa o kilt, gaiteros por doquier y tenderetes en los que puede uno degustar la famosa morcilla local o haggis, beberse una cerveza o comprar un equipo completo del famoso traje escocés. Pero, ¿qué es realmente la identidad escocesa? ¿En qué se diferencia de la inglesa, por ejemplo, o la británica?

Identidad sin lengua propia

A diferencia de lo que ocurre en Cataluña, en el País Vasco y en Galicia, la identidad escocesa no gira en torno a la lengua propia. Ni el gaélico ni el escocés compiten con el inglés en el mundo real y un escocés no se siente menos escocés por expresarse en inglés. De la misma forma que el hecho de que un escocés no sea nacionalista o no desee la independencia, no le rebaja su sentimiento de identidad con Escocia.

A juicio de Murray Pittock, identidad y lengua propia no tienen por qué ir unidos. No lo están en Escocia y tampoco lo estuvieron en Irlanda, recuerda. “La recuperación de la lengua irlandesa fue políticamente muy importante en la lucha de 1922 por la independencia irlandesa, pero lo cierto es que el uso del gaélico se desplomó de inmediato después de 1922 y, a pesar de ser obligatorio en las escuelas, un estudio reveló en 1971 que el 99% de la gente prefería ver los programas de televisión en inglés. El nacionalismo irlandés en sí mismo es altamente anglófono, incluso más que el escocés”, subraya

“Hay países, como la República Checa, en los que la recuperación de la lengua y la intensificación del nacionalismo han ido juntos, y no es algo sorprendente porque esa era la situación de los Estados germánicos, pero esa no es la situación en Escocia”, añade Pittock.

“¿O qué pasa si una persona emigra de Nueva Zelanda a América? Se convierte en un ciudadano americano. O si alguien emigra a Australia. Quiero decir que hay muchos países angloparlantes en el mundo y Escocia es uno más, aunque Escocia no es puramente angloparlante”, concluye este académico.

El concepto acaba resultando bastante etéreo. Todos los escoceses parecen sentirse muy escoceses, muy patriotas, al margen de que quieran o no ser independientes. Y quizás por ello ni los defensores de la independencia de Escocia ni quienes defienden que siga dentro de Reino Unido han expuesto sus argumentos en términos fundamentalmente de identidad nacional.

Durante la campaña, los unionistas hablan sobre todo de las ventajas que para Escocia tiene formar parte de un mercado tan establecido como el británico, o de tener asegurada la pertenencia a instituciones internacionales como la Unión Europea, la OTAN o Naciones Unidas, o de su peso en el mundo. Y los independentistas hablan de la oportunidad de construir un nuevo modelo de Estado más social y progresista que se deshaga de la influencia del capitalismo de la City y de la dependencia de los gobiernos derechistas del Partido Conservador.

“Los escoceses están muy orgullosos de su identidad pero no la expresan necesariamente de la misma forma que lo hacen los catalanes. No hay muchas banderas alrededor, por ejemplo. Ahora puede haber más por los Juegos de la Commonwealth pero no hay una bandera en cada balcón como ocurre en Barcelona”, explica Kathryn Crameri, profesora de Estudios Hispánicos de la Universidad de Glasgow.

“Obviamente hay muchas tradiciones, como el kilt, los haggis, los juegos de las Highland, etcétera, pero alguna gente se identifica con ellos y otra gente no. La gente que vive en las ciudades está en general menos interesada en esos elementos; pueden ponerse ocasionalmente el kilt para una boda, y así. Creo que aunque la gente esté orgullosa de ser escocesa no es algo que necesariamente articule como si fuera una identidad de una forma específica, mientras que entre los catalanes y los vascos hay cosas a las que señalan y dicen ‘esto es de lo que estoy orgulloso de ser’, por ejemplo”, añade Crameri.

“La identidad escocesa es estar orgulloso de ser escocés, orgulloso de las instituciones escocesas, que son históricamente más importantes que en muchos países. Pero, fundamentalmente, ser escocés no es distinto de ser inglés, o alemán, o americano”, sostiene el historiador Murray Pittock, un polifacético académico que dirige la Escuela de las Artes en la Universidad de Glasgow. “La diferencia es una actitud distinta, las instituciones, en ocasiones los valores sociales y una cultura nacional diferente”, añade.

Gordon Neish, reportero y fotógrafo del Danoon Observer, un semanario que cubre la información local de la zona sur de Argyle, opina que ser escocés “es ser diferente de la gente de los otros países de Reino Unido”. “Es definitivamente un sentido de identidad y cuando llegue el referéndum habrá que escoger entre [ser] escocés o británico. Alguna gente parece creer que pueden ser escoceses y británicos, pero no creo que eso sea así. Tenemos nuestra propia identidad, nuestra propia cultura, una cultura más vieja que la del resto de Reino Unido, y muchos se sienten orgullosos de ello. Otros, debido a los 300 años de historia de la unión, se sienten más británicos. Para mí, eso es el pasado y ahora tenemos que mirar al futuro”, añade.

A juicio de Neish, los juegos de Cowal no representan realmente la identidad escocesa. En todo caso, ya no. “Los Highland Games son una tradición anterior a la unión, vienen de la Escocia antigua. Fue la reina Victoria quien los convirtió en algo más británico y menos escocés. Aunque la gente sigue vistiendo el kilt y sigue habiendo banderas escocesas, ya no son unos auténticos juegos de las Highland. Se han convertido en un festival. Y, curiosamente, y como esto es algo manufacturado, es la gente de origen escocés que viene a los juegos desde América o Australia o Nueva Zelanda, la que lo siente como algo escocés”.

Para Keith Bowes, un joven gaitero de Belfast, tocar la gaita este fin de semana en Dunoon no tiene mucho que ver con Escocia “porque el mejor gaitero es de Irlanda del Norte”. “Esto ya no tiene solo que ver con Escocia, es un evento internacional”, añade. Él es gaitero por lo que siente en el cuerpo entero cuando toca la gaita. Para su amigo Greg, escocés, tampoco tiene mucho que ver con la identidad escocesa: “A mí me viene de tradición familiar. Es algo que te encuentras al nacer y quieres mantener hasta la muerte”, asegura.

 

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